Una de las primeras cosas que impulsan a una empresa a plantearse el cambio a una solución basada en la nube suele ser la relación entre la solución local existente y sus funciones (a saber: las limitaciones de dicha solución). La decisión de iniciar el proceso de migración a un nuevo modelo se toma tras un análisis exhaustivo de la infraestructura, a menudo coincidiendo con el final del ciclo de vida del antiguo entorno, combinado con un proceso de presupuestación, actualización y adquisición.
Es durante esta fase cuando se plantea la cuestión de elegir entre los modelos IaaS, PaaS y SaaS. Estos servicios difieren en cuanto al alcance del servicio y la división de responsabilidades entre el cliente y el proveedor.
Con el modelo de provisión de ERP por parte de un socio en la nube, el socio asume la responsabilidad total de toda la solución. El cliente recibe una licencia y puede hacer uso de una serie de ventajas de la nube, como el ajuste dinámico de recursos.